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Perspectiva biopsicosocial del dolor crónico

Desde un punto de vista epidemiológico, se estima que el 17,2% de la población adulta andaluza presenta dolor crónico. De esta población se considera que 2/3 partes padecen discapacidad1. Actualmente, se empieza a considerar el dolor crónico como una enfermedad propia, desligándose de ser un síntoma que acompaña a una enfermedad1. Las comorbilidades que presenta el dolor crónico son: alteraciones del sueño, ansiedad, depresión, hipertensión, entre otras.

Según la Asociación Internacional del Estudio del Dolor, el dolor crónico es una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a un daño tisular real o potencial o descrito en términos de tal daño que persiste más de tres meses. También reseña que muchas personas se quejan de dolor en ausencia de daño tisular o cualquier causa fisiopatológica probable y que, por tanto, debe ser aceptado como dolor.

Una nueva observación integrada y diferente

El modelo biomédico actual está inspirado en el dualismo mente-cuerpo, entendiendo la enfermedad como un desorden del funcionamiento de una máquina (cuerpo), siendo el médico especialista el que actúa sobre ella, diagnosticando el fallo y reparándolo, obviando los procesos psicológicos de la persona. Es decir, la salud y la enfermedad pasan a ser vistas como una cuestión meramente bioquímica. Este modelo ha hecho avanzar en Salud Pública (e.g. control enfermedades infecciosas), sin embargo, plantea dificultades para explicar y afrontar el dolor crónico. A esto se añade el impacto devastador que causa en el individuo, familia y sociedad. Ante esta limitación, expertos del enfoque biomédico en dolor crónico, concentrados en el síntoma del dolor y su mejoría, están empezando a considerar positivamente el enfoque biopsicosocial más holístico (ver figura 1), desde el que se abordan factores personales y sociales de las personas integrándolas con los procesos fisiológicos, es decir, la compleja interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales2 3.

Figura 1. Perspectiva biopsicosocial del dolor crónico Nota: Adaptado de Nicholas, M. K. (2008). Pain management in musculoskeletal conditions. Best Practice & Research Clinical Rheumatology, 22 (3), p. 453.
El dolor crónico un ciclo repetitivo prolongado en el tiempo

El dolor crónico puede ser filtrado a través de la composición genética de un individuo, la formación previa de su historia, el estado psicológico actual y las influencias socioculturales4. Ahora, el resultado más visible es una encrucijada de emociones, como reacción más inmediata a la sensación de dolor (nociocepción), y cogniciones que dan significado a esta experiencia emocional. Esto lleva a un desencadenamiento de más reacciones emocionales, ampliando la experiencia del dolor y perpetuando así un círculo vicioso de nociocepción, dolor, sufrimiento y discapacidad, influyendo en todos los aspectos de su vida.

Factores psicológicos

Puntuaciones altas en neuroticismo, introversión y apego adulto inseguro se han asociado a factores de vulnerabilidad para el desarrollo de dolor crónico. Por otro lado, la personalidad también puede ser un factor de resistencia, por ejemplo, la resiliencia.

No todas las estrategias son iguales

El uso exclusivo de estrategias pasivas (e.g., descansar, mostrar confianza excesiva en los medicamentos u otros agentes y/o en otras personas) se ha asociado a un peor ajuste del o de la paciente que el uso de estrategias más activas (la persona trata de mantener una mayor autonomía y autogestión en intervenir en estados fisiológicos, emocionales y cognitivos que comúnmente se cree que están fuera de control)3.

Lo actual y el futuro

Actualmente, las técnicas o aplicaciones de imaginación, distracción, respiración controlada, relajación muscular progresiva de Jacobson o Schultz y meditación ayudan a disminuir la ansiedad y la tensión muscular, aunque a largo plazo no cierran el problema.

Con más frecuencia, aunque no toda la necesaria, la combinación de Psicología (e.g., Terapia Cognitivo Conductual, Terapia Constructivista) y modalidades físicas (e.g., conciencia corporal, fisioterapia, acupuntura) incrementan la adherencia al tratamiento y su eficacia5

Por último, el surgimiento de la conciencia corporal pasa a ser una de las principales formas del tratamiento del dolor crónico, fomentada en terapias grupales. Está modalidad hace activo a la persona en su dolor y los estudios nos informan que la combinación de la terapia grupal con la combinación de terapias psicológicas y conciencia corporal reduce el dolor y mejora la calidad de vida de las personas que presentan dolor crónico6.

Referencias bibliográficas

  1. Cabrera-León A, Cantero-Braojos MÁ, Garcia-Fernandez L, Guerra de Hoyos JA. Living with disabling chronic pain: results from a face-to-face cross-sectional population-based study. BMJ Open. 2018 Nov 12;8(11):e020913.
  2. Gatchel RJ. Clinical essentials of pain management. Washington, DC: American Psychological Association.
  3. Nicholas MK. Pain management in musculoskeletal conditions. Best Pract & Res Clin Rheuma 2008; 22 (3):451-70
  4. Gatchel RJ, Peng YB, Peters ML, Fuchs PN, Turk DC. The biopsychosocial approach to chronic pain: scientific advances and future directions. Psycho Bull 2007, 133(4), 581-624.
  5. Anderson FJW, Anne E. Benefits of long-term fibromyalgia syndrome: Treatment with a multidisciplinary program. J Musc Pain 2006;14(4), 11-25.
  6. Cantero Braojos MA, Cabrera León A, López Gonzalez, MA, Saúl Gutiérrez, LA. Intervención grupal desde un enfoque sensoriomotriz para reducir la intensidad del dolor crónico. Atención Primaria. 2019, 51 (3): 162-71.