Duelo o pérdida

El dolor de la pérdida de algo que amamos y ya no tenemos es una parte natural de la vida, aunque a veces nos hace dudar de nuestra forma de vivir.

Tras una pérdida pueden aparecer confusión e inseguridad, con la sensación de no saber orientarse hacia nuevas experiencias en el vacío que ha dejado lo perdido.

Las pérdidas pueden ser muchas: la muerte de un ser querido, el final de una relación, la marginación de un grupo social, las pérdidas materiales por desastres naturales, la pérdida de la salud, el dolor crónico, discapacitante u oncológico, las epidemias o pandemias… Todas ellas pueden generar incomprensión, sentimiento de culpa o la sensación de no recibir suficiente atención del propio entorno social o cultural.

¿Cuándo buscar ayuda?

  • Intensos sentimientos de culpa, provocados por cosas diferentes a las que se hicieron o se dejaron de hacer en el momento de la muerte del ser querido.
  • Pensamientos de suicidio que van más allá del deseo pasivo de «estar muerto» o de poder reunirse con el ser querido.
  • Desesperación extrema: la sensación de que, por mucho que se intente, nunca se podrá volver a estar con el ser querido.
  • Inquietud o tristeza prolongadas: la sensación de estar «atrapado» o «ralentizado» durante varios meses.
  • Síntomas físicos, como la sensación de tener un cuchillo clavado en el pecho o una pérdida importante de peso, que pueden suponer una amenaza para la salud.
  • Ira incontrolada, que aleja a amigos y seres queridos o lleva a «planear la venganza» de la pérdida.
  • Dificultades continuadas para mantener el trabajo o realizar las tareas necesarias de la vida cotidiana.
  • Consumo excesivo de drogas, medicamentos o alcohol para aliviar el dolor de la pérdida.

Adaptado de R. A. Neimeyer, Aprender de la pérdida, p. 46.

Estas señales pueden ser pasajeras dentro de un proceso normal de duelo, pero si se mantienen en el tiempo merecen la atención de un profesional.

Si tienes pensamientos de hacerte daño o de no querer seguir viviendo, busca ayuda cuanto antes: tu médico de familia, el 112 o la línea de atención a la conducta suicida, 024.

«Las inevitables transiciones por las que pasamos desde nuestra infancia hasta que alcanzamos la edad adulta nos empobrecen al mismo tiempo que nos enriquecen, por lo que es importante reconocer que todo cambio implica una pérdida del mismo modo que cualquier pérdida es imposible sin el cambio.»

Robert A. Neimeyer

Acompañar la pérdida desde el cuerpo

La pérdida también se vive en el cuerpo: en la respiración, en la tensión, en el cansancio. Si quieres acompañarla desde ahí y en grupo, conoce Sostén y Pausa, el taller de acompañamiento corporal en el duelo de CuerpoBase.

Conocer Sostén y Pausa